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La paradoja Vinicius: una genialidad en un partido gris

Hay futbolistas que necesitan dominar un partido para ser decisivos. Vinicius Júnior pertenece a otra categoría. Puede pasar largos tramos desaparecido, encadenar pérdidas, perder duelos y apenas entrar en contacto con el balón. Y, aun así, ser capaz de cambiarlo todo en una sola acción.

Eso fue exactamente lo que ocurrió ante Marruecos en el estreno de Brasil en el Mundial 2026. La Canarinha sufría, estaba siendo superada durante muchos minutos por los Leones del Atlas y veía cómo el equipo africano se adelantaba en el marcador gracias al gol de Ismael Saibari. El conjunto de Carlo Ancelotti no encontraba soluciones y transmitía más dudas que certezas. Entonces apareció Vinicius.

No estaba siendo un partido especialmente bueno del extremo del Real Madrid. Achraf Hakimi estaba ganando el duelo en la banda y Marruecos había conseguido reducir notablemente su influencia. Pero bastó un instante. Un control cerca de la línea de fondo, un recorte hacia dentro y un disparo imparable a la escuadra de Bono. Golazo.

Tapado por Hakimi

La acción tuvo además cierto simbolismo. El tanto llegó en uno de los pocos momentos en los que Hakimi no había recuperado su posición tras incorporarse al ataque. Vinicius detectó el espacio y castigó a Marruecos con una definición reservada para futbolistas de su nivel.

Fue su primera gran intervención de la noche. Y prácticamente la única. Porque más allá del gol, el brasileño no consiguió imponer su ley sobre el partido ni liderar ofensivamente a una selección que volvió a depender demasiado de las individualidades. Sin embargo, ahí reside precisamente la paradoja que acompaña a Vinicius desde hace años.

No necesita tocar cien veces el balón. No necesita monopolizar el juego. Ni siquiera necesita estar especialmente inspirado durante noventa minutos. A veces le basta con una sola acción para dejar su huella. Ante Marruecos volvió a ocurrir.

El problema para Brasil es que el estreno dejó la sensación de que sigue necesitando demasiado de esos destellos. Vinicius apareció una vez y marcó un golazo. Pero ni siquiera eso fue suficiente para disipar las dudas que dejó la pentacampeona del mundo en su puesta de largo mundialista. Porque el partido de Vinicius fue gris. Su gol, en cambio, fue brillante

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