El Emirates aún celebraba el 2-1 cuando la rueda de prensa tomó un camino insospechado. Mikel Arteta venía de recuperar los cinco puntos de ventaja en lo alto de la Premier League tras tumbar al Chelsea y el foco apuntaba al balón parado, a la resistencia defensiva, al pulso por el título. Pero no. La conversación se fue a su cara.
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