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Al Huachipato, de un “Veneco”

No importa cuántas veces un hijo de mala sangre destile su veneno de lengua muerta, atacando la venezolanidad, como ocurrió en el estadio de Talcahuano, donde Carabobo completó su épica de rematar 1-2 a Huachipato para avanzar a la fase tres de la Copa Libertadores y asegurar un millón de dólares en premios de la Conmebol. Los vituperios de “Venecos muertos de hambre” repetidos por los hinchas del cuadro minero solo demuestran la profunda ignorancia de una población que ha ido olvidando su pasado y la histórica relación solidaria y de hermandad que une a los pueblos de Chile y Venezuela.

Por eso hay que recordarle a los xenófobos que descargaron su ira contra Carabobo, que fue un caraqueño, el ilustre poeta, intelectual y jurista, don Andrés Bello, quien contribuyó como ningún otro ciudadano de su tiempo a edificar con su sabiduría la educación pública, las leyes y hasta el castellano que emplearon para atacar a los jugadores de Carabobo. Cuando Chile daba sus primeros paso como república, Andrés Bello fue el impulsor de la Universidad de Chile y dictó la líneas maestras de la educación impartida y el funcionamiento de esta institución como su primer rector.

El autor del célebre silva a “La agricultura de la zona tórrida” también escribió de puño y letra el primer Código Civil que encaminó las leyes del largo país austral, y por si resultara poco, Bello redactó la primera Gramática de la legua castellana destinada al uso de los americanos que sentó las bases para que los habitantes de este continente podamos entendernos, incluso cuando utilizamos nuestro hermoso idioma para proferir los más degradantes insultos contra la humanidad.

Pero a Chile también los venezolanos la llevamos en el corazón por aquel poema inolvidable de Pablo Neruda dedicado a Simón Bolívar y que recuerda en unas de sus estrofas: “La paz, el pan, el trigo de tu sangre nacieron, de nuestra joven sangre venida de tu sangre”, para culminar con la voz del Libertador diciendo al vate chileno: ““Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo”. Y Chile, claro, despertó con el heroísmo de su presidente mártir Salvador Allende y en las canciones rebeldes de Víctor Jara, quienes dieron su vida por la gente humilde como los obreros de las siderúrgicas de Talcahuano. Tal vez ese Chile valiente de Neruda, Allende y Jara despertará otra vez para fulminar los agravios contra pueblos hermanos y llenarnos de su poesía.

Aristeguieta en un laberinto

Muy preocupante el inicio del Caracas de Fernando Aristeguieta y, más aún, tras sus declaraciones en la pasada derrota 1-2 ante UCV en la que admitía que era casi imposible sacarle más provecho a los jugadores con los que contaba para la actual temporada.

Es cierto que los rojos avileños cuentan con un equipo sin grandes figuras ni tienen el presupuesto de otras instituciones, pero sí posee un patrimonio deportivo envidiable que ningún otro equipo de fútbol exhibe en el país: 12 campeonatos de primera división y 5 Copas Venezuela. Todo los cual quiere decir que ese mismo Caracas, donde se formó Aristeguieta y se convirtió en uno de los mayores ídolos de la historia del club, con su capacidad goleador y su insaciable hambre de triunfos, es dueño de una rica historia que está obligada a defender con uñas y dientes cada vez que sale al terreno; bien sea con una plantilla de jugadores estelares o repleta de chamos que buscan la gloria, como viene ocurriendo en los últimos tiempos, en medio de la nueva realidad de vacas flacas que vive la institución.

El penúltimo puesto y, muy especialmente, el limitadísimo juego que exhibe el equipo, sin cambio de ritmo, desbordes por los costados y variantes para sorprender a la defensa rival, son responsabilidad compartida de Aristeguieta y los jugadores. Si el técnico no puede aprovechar las virtudes de sus futbolistas, entonces es tiempo de dejar el cargo.

El fútbol de agallas de los hermanos Farías sobresalió en la Libertadores

Los hermanos Daniel y César Farías volvieron a mostrar que su fútbol directo, de controlar el juego y los breves momentos favorables a lo largo de los 90 minutos también en un camino válido para obtener resultados. Sus equipos no llenan los ojos de los aficionados con un paladar más exigente, porque ambos entrenadores prefieren que el rival se entretenga con la posesión del balón, mientras sus equipos esperan agazapados a la espera de una sola oportunidad para dar el zarpazo.

En el estadio de Talcahuano, Huachipato gozó de 20 minutos de absoluto domino de las acciones. Tocó la puerta de Carabobo en varias ocasiones, pero las deficiencias de sus atacantes para liquidar y las oportunas salvadas del arquero Lucas Bruera impidieron que el granate perdiera la ventaja 1-0 que había conseguido en el Misael Delgado. Luego bastó una genialidad de Eric Ramírez y un bombazo de tiro libre de Edson Tortolero para sentenciar la serie en la Copa Libertadores.

No fue muy distinta la historia del Barcelona de Guayaquil de César Farías. Durante 60 minutos el Argentinos Junior peloteó a los ecuatorianos que solo veían pasar el balón de un lado a otro sin que la agarraran ni con la mano, pero le bastó un segundo de claridad para que Jhonny Quiñónez metiera el zapatazo de media distancia para el triunfo y forzar la definición por penales.

Ese fútbol de cabeza fría, cuchillo entre los dientes y agallas explota al máximo la sico-emocionalidad de los jugadores. Los Farías son adalides de ese fútbol trepidante de momentos específicos, donde una sola acción puede valer un Potosí.

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