Llegó de forma rara y se despidió de una manera turbia. Solo dirigió al Córdoba CF durante nueve partidos en la Liga de Segunda División 12-13, una de las más delirantes de la entidad, que trataba a toda costa de engancharse al carro de los clubes punteros de una categoría que –para sorpresa de propios y ajenos- parecía poco. Eran tiempos en los que se trataba de borrar la historia y rediseñar lo que no tiene forma ni sentido con criterios empresariales. Un periodo de guerras intestinas, urgencias exageradas y decisiones basadas en pulsiones testiculares. El dueño, Carlos González, tenía claro su objetivo. Lo del método ya era otro cantar. A Juan Eduardo Esnáider (Mar del Plata, 1973) le colocaron en un lugar equivocado, un escenario volcánico en el que se perdió absolutamente. En aquellos meses locos, Esnáider dejó la estela de un profesional que entregó todo lo que tenía hasta que se quedó vacío y solo.
¿Por qué fichó Esnáider por el Córdoba CF?
Después del curso anterior de Paco Jémez, con play off incluido y mejor registro clasificatorio en cuatro décadas, le tocó “heredar el cortijo” a Rafa Berges. El oro olímpico cordobés, conocedor de la casa, se encontró con unas exigencias desmedidas en lo deportivo y su carácter no tuvo fácil encaje en el vodevil que eran los pasillos del club. El “director deportivo” de entonces era Alfredo Duro –sí, el de El Chiringuito-, que enfiló al técnico local y convenció al mandamás González de que era buena idea buscar un revulsivo para ascender a falta de nueve jornadas: el Córdoba CF era noveno, a siete del play off y a catorce del descenso. Echaron a Berges –con el paso del tiempo, González admitió su equivocación- y reclutaron a Juan Eduardo Esnáider, avalado por Duro y sin experiencia como entrenador profesional más allá de ser ayudante de Michel en el Getafe y un año en el filial del Zaragoza en Segunda B. Como jugador fue estrella en el Real Madrid, Atlético y Espanyol, además de leyenda del Zaragoza que ganó la Recopa en París.
“Tenemos por delante nueve hermosas finales”, dijo el argentino nada más aterrizar en Córdoba, donde no le recibieron precisamente con entusiasmo. Le tocó estrenarse en El Arcángel ante la Ponferradina. La gente le pitó. El equipo perdió por 0-1. “He debido ser el primer entrenador que el primer día le gritan que se vaya. Pero si me lo tomo muy a pecho me hará mal”, expresó en una entrevista en este periódico por entonces. Que le chillaran desde un graderío era, seguro, una broma al lado de la pesadilla con la que cargaba Esnáider. Apenas unos meses antes, el día de Navidad de 2012, había fallecido de cáncer uno de sus hijos, Fernando, con 17 años. “A mí no me gustó lo que pasó y espero que no se repita, pero no te hace ni más fuerte ni menos fuerte, ni más hombre ni menos hombre. Lo que he sufrido yo es impensable para nadie y no creo que ahí se trate de ser más fuerte o menos fuerte, se trata de tener un vínculo tan unido como el que tengo yo a mi familia para poder sobrellevarlo, pero ahí no hay nadie fuerte”, expresaba el platense.
En el Córdoba no vivió días plácidos. De los nueve partidos perdió seis, empató uno y ganó dos: un 5-1 a Las Palmas en su jornada más brillante y un 1-3 en Chapín contra el Xerez. En cuanto se diluyeron las opciones reales de engancharse a la pelea por el ascenso, el equipo se dejó llevar y concluyó el curso de mala manera y un tufo a desbandada. Pero a Esnáider aún le quedaba un capítulo desagradable: la salida.
El argentino había firmado por los nueve partidos y la temporada siguiente, pero el club buscó a un nuevo entrenador –iba a ser Pablo Villa, promocionado desde el filial blanquiverde- y dejó a Esnáider en una tesitura compleja. Se presentó en pretemporada con un notario para realizar su trabajo. En el club decían que había dimitido a través de un burofax y él argumentaba que eso era una invención. El pulso llegó a los tribunales. González llamó “teatrero” a Esnáider y llegaron a reclamarle dinero, pero al final el Córdoba admitió el despido improcedente y tuvo que pagar unos cien mil euros. El argentino no quiso apretar y llegó a renunciar a otros conceptos. Solo quería ya marcharse y no volver más.
El Getafe apostó por él para salvar la categoría en Primera en abril de 2016, pero el descenso se hizo real en la última jornada. Renovó con los azulones, pero un mal arranque en Segunda le llevó a la destitución en septiembre. Ahí cerró ciclo en España. Estuvo dos campañas en Japón, con el JEF United Chiba, en lo que fue su periodo más largo ejerciendo como titular de un banquillo, y en 2024 probó en Indonesia con el PSBS Biak.
¿Qué hace actualmente Juan Eduardo Esnáider?
El fútbol sigue siendo el centro de su vida. Su hijo Juan, nacido en 1992, siguió sus pasos llegando a ser jugador profesional y actualmente milita en el KTP de la Veikkausliiga de Finlandia. El patriarca sigue siendo el eje de la familia junto a su esposa y sus otros tres hijos -Walter, Federico y Facundo-, que le acompañan en el obligado nomadismo de quienes se dedican al fútbol.
En España ha impulsado la Academia y Centro de Alto Rendimiento "El Diamante", enfocada en la formación y desarrollo de jóvenes futbolistas. Esnáider aplica su amplia experiencia internacional para entender y potenciar a los jugadores. Sus vínculos con el fútbol se amplían con sus apariciones en distintos medios de comunicación, tanto en España como en Argentina, como comentarista y analista.